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Pedro Rodríguez Bermejo : INTERZONE Zona*de*cine, “TEMPLARIO”
el 9/8/2011 11:13:53 (1696 Lecturas)

Aventura épica medieval rodada con un feroz realismo


“TEMPLARIO”
***

DIRECTOR:
JONATHAN ENGLISH
INTÉRPRETES:
JAMES PUREFOY, PAUL GIAMATTI, KATE MARA, BRIAN COX, JASON FLEMYNG, DEREK JACOBI, CHARLES DANCE
GÉNERO: AVENTURA ÉPICA /
GRAN BRETAÑA / 2.011
DURACIÓN: 120 MINUTOS
SALA DE EXHIBICIÓN:
CINES VICTORIA
(Don Benito)



Ya iba siendo hora de que una película ambientada en la época medieval tuviera la crudeza necesaria para reforzar las acciones de una forma estética más realista: aquellos tipos no se tiraban flores. Con un contundente y sobrio elenco de actores casi todos británicos, el director inglés Jonathan English se inspira en los sucesos reales conocidos como la Primera Guerra de los Barones para situarnos en la Inglaterra de principios del siglo XIII. El 15 de junio de 1215, tras una dura negociación, el rey Juan I de Inglaterra (Paul Giamatti), que ha pasado a la historia con el epíteto de "Juan Sin Tierra", se ve obligado a firmar un acuerdo con los señores feudales para que cese de una vez su uso despótico del poder. Así nace la Carta Magna, algo insólito para un rey medieval que tiene que ceder ante sus súbditos ciertas prerrogativas que sólo a él corresponden. No obstante, tras reunir a un gran ejército, el rey Juan se niega a cumplir el acuerdo y se prepara para eliminar a todos los que firmaron la Carta Magna poniendo a Inglaterra al borde de la guerra civil. Lo único que se interpone entre él y la recuperación total del poder, es un pequeño grupo de curtidos mercenarios reunidos por el Barón Albany (Brian Cox) y que liderados por el templario Thomas Marshall (James Purefoy), deciden atrincherarse en el castillo de Rochester. Atormentado por su experiencia en las cruzadas y por sus sentimientos hacia Isabel (Kate Mara), señora del castillo y esposa de Reginald de Cornhill (Derek Jacobi), Marshall está dispuesto a morir por la libertad de su país.
Hiperrealismo brutal en las secuencias de lucha cuerpo a cuerpo y de las batallas, penalizadas a veces por los movimientos epilépticos de cámara que se me antojan demasiado confusos, acelerados, y nos muestran encuadres sucios y poco minuciosos, TEMPLARIO es una película mucho menos ambiciosa de lo que parece por su eficaz diseño de producción y puesta en escena, de hecho la podemos calificar como una serie B cuya mayor virtud es precisamente sus escasas pretensiones, un lúdico y salvaje entretenimiento que rompe con la monotonía almibarada de la cartelera veraniega. Su limitado presupuesto no supone un obstáculo para que English ponga toda la carne en el asador obligando a sus sólidos intérpretes a un agradecible esfuerzo físico y unas impecables caracterizaciones. Cierto que el guión se podía haber pulido un poco más, que la banda sonora acentúa los momentos dramáticos y emocionales con la resonancia acústica de algunos clásicos del género, pero es justo señalar que la planificación y recreación de los sanguinarios asaltos al castillo sitiado aleja de todo matiz una aventura épica que merece ser disfrutada. Queda apuntado, el film no es ni mucho menos recomendable para estómagos delicados: cuerpos partidos en dos, miembros cercenados, huesos astillados, rostros tumefactos, vísceras y litros de hemoglobina distancian la función del aficionado al género que busque cierta sintonía con clásicos como El Cid, porque de lo que se trata es de de realizar una categórica introspección sobre los horrores de la guerra y la búsqueda de justicia y libertad sin más camino que el baño de sangre, y cuyos ecos más nítidos son Los siete samuráis (1954) de Akira Korosawa.
El acontecimiento histórico sobre la Primera Guerra de los Barones (enfrentamiento entre los principales barones de Inglaterra y el rey Juan de Inglaterra, hermano del famoso cruzado Ricardo Corazón de León), recogido en la cinta en sus elementos más esenciales, otorga a TEMPLARIO un complemento sugerente a su intachables factura técnica.
Por otra parte, resultaba difícil acercarse a sus protagonistas sin perfilar estereotipos, personajes cuyas imponentes figuras están muy remarcadas por el contraste de un James Purefoy atormentado por el deseo, su nobleza y mirada limpia, situándose en el otro extremo de un Paul Giamatti que da vida a un monarca tirano, perverso y al que la visión de la sangre produce una deleitación orgásmica (atención a cómo tortura al barón encarnado por Brian Cox para terminar catapultando su cuerpo contra un torreón como si fuera un muñeco). Poco importa que ese típico y recurrente convencionalismo esté en exceso subrayado, porque lo realmente interesante no es la esencia de los personajes sino el destino final de cada uno de ellos. El Medioevo fue uno de los periodos más horrorosos de la historia de la humanidad: la hambruna, la inmundicia, las infecciones, pestes y hedores rebosaban en campos y ciudades, de modo que el bestial ejercicio de English no resulta sólo documentalista sino acertado en su desgarrador grafismo, un rigor histórico que impone la sangre a borbotones y que no tuvo un desenlace tan feliz como el film muestra.

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