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Fran Horrillo : FIESTAS DE SANTIAGO Y SANTA ANA, RECUERDOS DE NIÑO EN LA FERIA
el 26/7/2011 19:45:54 (1856 Lecturas)

Las fiestas de Santiaguito y Santa Anita me evocan, irremediablemente, recuerdos de niño. Unos recuerdos que, aunque permanecen imborrables, con el tiempo han ido evolucionado de la misma forma que lo hacen las fotos del blanco y negro al color

Sin duda, la llegada de las fiestas era todo un acontecimiento en el hogar. La ropa o los zapatos nuevos se guardaban para estrenarlos y lucirlos en la feria, que para eso sólo había una al año. Y mientras esa ilusión revoloteaba por las casas, el ambiente festivo empezaba a inundar cada rincón de Villanueva de la Serena a medida que se aproximaba el veintitantos de julio.
De esa época aún me viene a la memoria la figura del inolvidable Petronilo, que agarrando al choto de Santiago con una soga no dudaba en pasearlo con su campano por 'Las Pasaderas' y la 'calle bonita', al tiempo que movía el taco de la rifa al grito de '¡vayan comprando, vayan comprando, qué pocas papeletas van quedando!'.
Y ante aquella puesta en escena tan entrañable, la reacción de los niños tirando del bolsillo del pantalón de los padres era casi infalible, y los tacos de papeletas adelgazaban a pasos agigantados.
La feria de Santiaguito de niño me huele a algodón dulce y a pollos asándose lentamente. Y me despierta la gran ilusión que suponía el montar en la atracción de los ponis. Todo un año esperando para comprobar que mi caballito blanco con manchas negras de la feria anterior, seguía esperándome para dar miles de vueltas imaginarias. Esos caballos enanos parecían enormes a esa edad y encima de ellos uno se sentía, incluso, más importante que el propio apóstol Santiago llevando las riendas de su famoso caballo blanco.
Aunque para gesta, la que uno podía experimentar en el tren de la bruja. El miedo se mezclaba con la adrenalina, y el subidón llegaba cuando uno era capaz de quitarle la escoba a la bruja.
La inocencia de niño te llevaba a gastar buena parte de la paga en los 'cacharritos' o en la caseta de los tiros. El llavero o el peluche que lucían colgados de un palillo de madera, a veces se resistían más que uno de los platos que se lanzan al cielo en el campo de tiro de Quinto Coto. Claro, luego con los años, uno entendía mejor el significado del refrán de "fallas más que una escopeta de feria".
Aunque si había una atracción que embelesara, esa era la tómbola. La labia de los descendientes de 'El Maño', que son los que suelen pisar Villanueva en julio, dejaba boquiabierto a cualquiera. Primero con las 'chochonas', luego con los 'perritos pilotos' y, si era preciso, te enganchaban casi toda la noche con el regalo de un ciclomotor y esperabas ansioso para comprobar quien era el afortunado en llevarse tan apreciado regalo.
Un sonido, el de la voz clara de los tomboleros, que se fundía irremediablemente con el repique de las campanas de la ermita de Santiago. Tirar de la campana era casi un ritual cuando uno acudía a la feria, y más cuando con los años uno se enteraba que tirando de ella encontrabas novia o novio. O por lo menos, eso es lo que decían.
Otra característica inconfundible de las ferias de niño era el albero del ferial. Los paseos por las calles de tierra dejaban su marca en los zapatos, que salían de casa relucientes de crema, pero que llegaban blanquecinos y cubiertos de polvo. Un hecho que probaba que, efectivamente, habías estado en la feria y te la habías pateado.
Indudablemente, los años hacen que esos recuerdos vayan evolucionando. En la adolescencia, los ponis se ven ya desde la barrera y el objetivo es apurar lo más posible la noche, hasta que el olor a churros te indica que la cama está esperando. Entonces, igual que ahora, el 'botellón' es el mejor lugar de encuentro, antes de hacer una parada en las casetas de música y acabar en la plaza de toros, donde las vaquillas marcaban el final de la noche.
Ahora, el nuevo y espectacular ferial borra muchos de esos recuerdos. Para empezar, los zapatos cogen poco polvo. Las atracciones, este año, contarán todas con la misma música y, además, no habrá vaquillas debido a la innombrable crisis.
Menos mal que los pantalones cortos de niño, que nos poníamos los de mi 'quinta', ya se los ponen nuestros hijos. Y es que, como todo en la vida, los tiempos corren que da gusto y sólo queda disfrutar con lo que venga. Como niños, como jóvenes, como adultos, como padres o como abuelos. Todos tienen cabida.
Por eso, desde estas líneas deseo unas felices fiestas a todos los villanovenses y visitantes. Y que el apóstol Santiago reparta suerte.

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