Menú

Buscar

Guadalupe Mancha Trigueros : LA MORACANTANA, RETAL DE VERANO
el 26/7/2011 19:38:16 (1587 Lecturas)

Llegó el verano. Tras la primavera. Como cada vez desde que nos enseñaron las estaciones hace ya... muchos años, sí. Primavera, verano, otoño e invierno. En primer lugar la primavera, porque con ella nace la vida, porque es la elegida para iniciar un ciclo que va adquiriendo forma con los cálidos días del verano, perfila su plenitud con los vientos y la luz dorada de las hojas caídas en otoño hasta alcanzarla para siempre quedándose congelado entre gélidas ráfagas de invernal ventisca, hasta que los albores de la primavera brotan de nuevo en el tiempo y todo vuelve a empezar...

A veces nos sentimos atrapados en esos ciclos en torno a los cuales la vida parece girar y otras, en cambio, los vemos como si fueran engranajes bien engrasados de una máquina casi perfecta que nos aportan cierta estabilidad y que si llegara a estropearse sabríamos sin duda cómo arreglar. Cada estación tiene su encanto aunque nos decantemos por alguna. Cada una de ellas es como si fuera un país único y diferente, con sus distintas regiones, con sus pintorescas costumbres, gentes, aromas y gastronomía deliciosa. Todo un placer para los sentidos, salvando las alergías, resfriados, etc., claro. Pero la época estival tiene algo especial que para el niño que fuimos, y para el que llevamos dentro, supone la mejor de las sensaciones y me refiero ¡¡¡"a los casi tres meses de vaciones"!!! Esos días cuando por fin termina el colegio y sabes que puedes remolonear más tiempo en la cama, que puedes pasar más tiempo también jugando con tus amigos, que te vas probablemente a hacer algún viaje, playa, piscina, pistolas de agua, nada de hacer deberes, campamentos, helados, polos, risas y juegos hasta la madrugada, el colacao o nesquik superfrío... Creo que esa sensación de libertad y felicidad nos debería acompañar siempre. Esas vacaciones sí que eran desconectar de verdad de todo hasta septiembre, claro, pero septiembre quedaba aún muy lejos, aquellos últimos días de clase de finales de junio en los que uno de los deportes estrella del recreo era bombardearse a discreción con globos de agua. En el momento te ponían hecha una sopa, pero con el calor que hacía daba tiempo a secarse antes de llegar a casa, aunque a veces no, porque te pillaban a la salida y entonces tu madre sí que te echaba la bronca por llegar pingando. Pero tampoco era para tanto; sólo era agua.
Algunos días, por casualidad, he caminado cerca de colegios. Los he pasado en silencio, meditabunda, escuchando el lejano eco del murmullo de voces de niños que aprendimos en sus aulas y correteamos por sus patios hasta hace nada. Y al extinguirse éste, lo envuelve y lo convierte en un lugar casi fantasmagórico por lo vacío e inerte, como perteneciente a otra época.
Y sin darse mucha cuenta una, los días pasan y pasan y ahora el sol se posa ya con menor intensidad sobre nuestra piel. No es el calor sofocante y seco de mediados de agosto. Corre una brisa fresca y los días se van haciendo más cortos. Se puede dormir mejor por las noches, más acurrucados en la colcha. Las temperaturas van descendiendo y aún se puede apreciar mejor por las mañanas al despertar. Los olores que impregnan el ambiente son muy distintos a los de hace apenas tres semanas, pero casi no se percibe porque todo es muy gradual. Los colores del amanecer son ya otros. La luz, es también otra, tornándose poco a poco más blanquecina. Y el sol al atardecer se diluye como en una obra pintada a acuarela. Es el anuncio del final de un verano más. Con un ceremonial y riguroso orden es casi el momento de que el otoño haga la aparición estelar en nuestra vida. Adíós verano, adiós y vuelve pronto. Te echaré de menos. Me gusta pensar que es en esta época cuando todo se renueva. Se comienza. Se recupera, en definitiva, el latido del mundo tras un breve período de vacaciones en el que éste, el planeta, parece como si se hubiese quedado congelado.

Los usuarios son responsables de sus propios comentarios.

PUBLICIDAD

Documento sin título

Para más información

Ver la edición impresa (en todos los puntos de venta de prensa y en estancos, gasolineras, kioscos y librerías)