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Editoriales, Carlos Lamas : EDITORIAL, VENCE Y NO DIVIDIRÁS
el 10/5/2011 10:24:06 (1627 Lecturas)

Como dice el poeta, Profesora, nada sé de la muerte, me interesa la vida. Por eso no sé muy bien qué decir sobre la ejecución de Bin Laden, más allá de que el tipo tiene su merecido, según la ley del Talión, de ojo por ojo y diente por diente, con la que puedo llegar a estar de acuerdo. Son tiempos violentos estos, querida, de aparente evolución social, dentro de un panorama de injusticias e involución soterrada

Es complicated discernir quiénes son los buenos y cuáles los malos, de entre la gran fila de reconocimiento de los sospechosos habituales. Entonces, en estas circunstancias, estos episodios de guerra y muerte no me inspiran ninguna algarabía, me pillan lejos, me suenan ajenos.
Sí hubiera deseado que el tipo de la barba no hubiera nacido. Pero si no hubiese sido él el causante de tanta masacre, la hubiera pergeñado cualquier otro. Hay tristemente tantos candidatos a líderes fanáticos e iluminados de la causa, aparente o no -o no causa-, que sea, que la lista no se acabará nunca. Y todos son hijos del actual estado de las cosas en el mundo, de una sociedad universal donde brotan como hongos, sátrapas de todo pelo y laya, alimentados y utilizados las más de las veces por los poderosos de turno.
Hace unos días también nos habían dicho las agencias internacionales, que la OTAN en un ataque aéreo maestro en Trípoli, había matado a un hijo y a tres nietos de Gadafi. Tres nietos. ¿Culpables? ¿Futuros culpables? No seré yo quien rompa una lanza por estos dictadores y asesinos (hablo del abuelo y sus secuaces, eh, cuidao), enemigos de la humanidad que no es suya, que hasta hace poco eran recibidos con todos los honores por los gobiernos civilizados occidentales. Podemos hablar del emir de Qatar, del Primer Ministro Chino, de Mubarak… y siguen las firmas.
Me repito. Muchas veces he dicho aquí, que nada tengo que decir de la política interna norteameriyanki. No vivo allí, no es asunto mío. Pero a nadie puede escaparse que la política exterior del gran país del norte de las Américas ha sido aliada de numerosas dictaduras que en el mundo han sido, especialmente las de su propio patio trasero, las naciones latinoamericanas. Eso fue en otros tiempos, lo admito, pero los jerarcas pseudo demócratas de iberoamérica han aprendido muy bien la lección: ojo con enfrentarse a los intereses estadounidenses en sus propios países. Y les aseguro que estos intereses son muchos y poderosos.
En este infierno de intereses -repito, con perdón- económicos y políticos se cuece y se ha cocido la política internacional desde que tengo memoria. Por qué sí se interviene en Libia y no en Siria, por qué no en Arabia Saudí, o en otros países tan sojuzgados como los nombrados más arriba. Por qué, por qué, como diría Mourinho.
Ya nada nos sorprende ni nos asusta, ni mucho menos nos ocupa o preocupa. Que cada cual se salve como pueda. Aunque uno, el tipo, no puede estar tranquilo sabiendo que estamos sometidos al arbitrio de potencias deshumanizadas, de poderosos países que se rigen por el deseo interesado de contentar a sus votantes nacionales y de extender su poder y supremacía sobre los demás. Como hace 500 años. Con mayor hipocresía, eso sí, y cuidando la imagen y el marketing para ganarse a la opinión pública.
Cuálos de tantos progresistas que apoyaron y aplaudieron con fruición al morenito Obama, es capaz ahora de seguir afirmando que el tipo era distinto a los que habitaron antes que él el salón oval. A mí no me miren, dije en su momento aquí que haría lo que tendría que hacer, temblándole o no el pulso. O hablamos de Guantánamo, si quieren.
Dónde está el hombre de hoy. Cuál es el ejemplo. Dónde la justicia, en qué lugar habita el bien. Vaya kilombos en los que me meto. No tengo respuestas, no soy inocente. No peleo en ninguna trinchera ni aliento a las masas a manifestarse en éste u otro sentido. No hago más de lo que hago. Sólo me quejo y expongo, y no le pido a nadie que me acompañe. Pero estoy convencido que no vamos bien. Nada bien.
El único interés actual que existe en el mundo universal es salir de la crisis. Económica, me refiero. Y es también el casi exclusivo interés particular. Si la gente no tiene lo mínimo para vivir, poco de su tiempo puede ocupar en abrazar metas más elevadas. Con eso cuentan los poderosos, con que estemos preocupados por el bolsillo y los dejemos campar a sus anchas en el teatro de sus operaciones de conquista y sometimiento. Pero, lo evidente, es que el poder económico viene del poder guerrero. Como hace 500 años. ¿Evolución? Sí, la leche, la leche, como decía don Arturo Fernández.
Buenas tardes. Paz hermanos.

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