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Pedro Rodríguez Bermejo : INTERZONE Zona*de*cine ,“THOR”
el 10/5/2011 10:21:26 (1704 Lecturas)

Impecable adaptación de un mito de mi infancia



“THOR”

****
DIRECTOR:

KENNETH BRANAGH
INTÉRPRETES:
CHRIS HEMSWORTH, ANTHONY HOPKINS, NATALIE PORTMAN, STELLAN SKARSGARD, RENE RUSSO, TOM HIDDLESTON
GÉNERO:
FANTÁSTICO / EE.UU. / 2.011
DURACIÓN:
110 MINUTOS
SALA DE EXHIBICIÓN:
CINES VICTORIA
(Don Benito)



Espero que mis lectores puedan exonerarme de esta crítica condicionada por los recuerdos, absolutamente contaminada por la nostalgia de aquel niño que en la Barcelona de los 70 esperaba impaciente delante de un quiosco para adquirir la última entrega de uno de sus superhéroes favoritos: Thor, el guerrero poderoso y arrogante creado en 1962 por Stan Lee y Jack Kirby, protagonista de una intrincada historia que fusionaba dos de mis pasiones: la mitología nórdica/germánica y la ciencia-ficción. El dios del trueno y su martillo encantado, un personaje complejo sumido en profundos conflictos internos. Es por eso que me resulta extraño, una absoluta boutade, oír comentar a algunos aficionados comiqueros que Thor es uno de los superhéroes más simples, con menos magnetismo y profundidad psicológica del Universo Marvel, una estupidez si tenemos en cuenta que fue su coraje, su rebeldía y su ofensa a los dioses lo que le llevaron a ser un proscrito, un desterrado en la Tierra separada del luminoso reino de Asgard por un puente de arco iris.
Sorprendentemente el shakesperiano Kenneth Branagh logra una impecable adaptación cinematográfica de este imponente personaje, con la intención, seguramente, de dotarle del mismo prestigio que Christopher Nolan ha conquistado con Batman: Asgard es el reino celestial donde habitan los dioses de la antigua mitología nórdica. Gobernada por el decrépito dios de la guerra, Odín (Anthony Hopkins), quien por medio de un tratado ha mantenido la paz del Universo. El día en que su hijo Thor (Chris Hemsworth), el dios del trueno, va a ser coronado, un grupo de guerreros (gigantes del hielo) del reino helado de Jotunheim, irrumpe en el palacio violando el tratado. Thor se toma la venganza y resucita una guerra de resultados catastróficos. Odín decide entonces desterrar a Thor al reino inferior de Midgard (la Tierra), desposeyéndole incluso de su portentoso martillo Mjolnir. Thor cae del cielo en mitad del desierto de Nuevo México, cerca de una estación científica donde un grupo entre el que se encuentra la astrofísica Jane Foster (Natalie Portman), investigan unas perturbaciones en el cielo. También cae su martillo abriendo un enorme cráter en el suelo. Mientras, en Asgard, el maléfico hermanastro de Thor, Loki (Tom Hiddelston), aprovecha el destierro de Thor y la enfermedad de Odín para intentar hacerse con el trono de Asgard, pero partidarios de Odín viajan a la Tierra para devolverle sus poderes a Thor para que haga frente a Loki. Jane acaba enamorándose de Thor que piensa también que es la mujer de su vida. Sin embargo, el dios del trueno es detenido y confinado en una base militar, y Loki tampoco ha perdido el tiempo y ha enviado a la Tierra a un Gigante Destructor para liquidar a Thor.
THOR es con diferencia la mejor adaptación de la Marvel Estudios y un entretenimiento muy digo si me atengo a la cantidad de pestiños que me he tenido que tragar en las sucesivas traslaciones del papel a la pantalla grande. El Caballero Oscuro es superior, pero hablamos del Universo Marvel, y aquí Kenneth Brannagh maneja con suma destreza el cotarro a nivel técnico (las escenas en Asgard, con un toque kitch, son absolutamente impresionantes y su visionado en 3D ofrece detalles muy interesantes que no voy a desvelar), y nivel artístico, aunque los secundarios vuelan por encima del joven y prometedor australiano Chris Hemsworth, la batuta de Branagh demuestra una vez más que es uno de los más grandes directores de actores. THOR, con un prólogo definitorio y un comienzo vertiginoso, proyecta a la perfección esa transformación del héroe milenario convertido de pronto en un simple mortal que tiene que asimilar las costumbres y ritos de la vida moderna, lejos de su reino, donde sin sus poderes debe ser consciente de la importancia de la humildad.
Conociendo las obsesiones artísticas del director irlandés era fácil imaginar que la función estaría salpicada por algunos de los clásicos conflictos existencialistas: la ambición por el poder y la lucha fratricida por el trono, la caída en desgracia del héroe, la restauración del honor perdido y la búsqueda de la justicia… y a pesar de todo, no estamos ante una cinta cuya dramaturgia ilumine un discurso perturbador sobre el poder, la traición y la condición trágica del ser humano, aunque se nos antoja que el carácter del villano Loki está barnizado por algunos de los rasgos más definitorios de Ricardo III. Pinceladas, porque con gran pericia profesional, de lo que se trata es de dotar de empaque un espectáculo que sin despreciar el artificio técnico (impactantes efectos especiales), toques de humor blandito, dosis de adrenalina y masculinidad, escenas de acción muy logradas (la batallas entre dioses y gigantes del hielo, ese enfrentamiento westerniano entre el robot gigante y Thor en un callejón polvoriento), nos muestra, en definitiva, una película honesta y solvente en su concepción narrativa, textual y visual. Y así, llegar a la conclusión de que es la película Marvel que mejor ajusta la labor digital, la banda sonora, la fotografía y el montaje, algo de lo que tiene mucha culpa la desbordante, alucinante, imaginación de Branagh. Una propuesta industrial, sí, en la que quizás moleste un poco esa moralina antibelicista tras el clímax final y sobren algunos elementos meramente accesorios y personajes floreros, pero de lo que no cabe duda es de que la teatralidad operística del invento es tremendamente atractiva.

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