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Manuel Simón Viola : HABLEMOS DE LIBROS, ‘AGUIRRE, EL MAGNÍFICO’
el 3/5/2011 11:08:21 (1831 Lecturas)

‘AGUIRRE, EL MAGNÍFICO’
Manuel Vicent
Madrid, Alfaguara, 2010, 256 págs.


Nacido en Valencia en 1936, Manuel Vicent es autor de una dilatada trayectoria en que ha alternado el cultivo de la novela con los trabajos periodísticos. Su última obra, Aguirre el magnífico, se aproxima a la condición del reportaje y entre todas las posibilidades que se le ofrecían (una biografía en sentido estricto, un ensayo...), el escritor ha optado por una narración fronteriza que participa de la biografía, de la memoria (en los capítulos en que el protagonista es el propio escritor en sus comienzos) y de la crónica “sentimental” de un extenso periodo de tiempo que arranca en los últimos años del franquismo, pasa por la transición, los gobiernos de socialistas y populares hasta la muerte del protagonista en 2001



Ya el propio autor presenta la obra no como una biografía, sino como un "retablo ibérico donde este personaje se refleja en los espejos deformantes del callejón del Gato". La referencia a Valle Inclán no es anécdótica, pues, en efecto, hay mucho de esperpento en este reflejo, cruel y tierno a la vez, de una España abocada a un profundo quiebro político con su estela de sangrientos episodios de represión policial (como el asesinato del estudiante Enrique Ruano), vertiginosos saltos ideológicos difícilmente creíbles (Ramón Tamames) y la paulatina ascensión de una generación de políticos desde la clandestinidad hasta los ministerios.
Como justificación del propio trabajo, la obra arranca con una anécdota fechada el día del libro de 1985, cuando Jesús Aguirre presenta al rey en el paraninfo de la Universidad de Alcalá (Torrente Ballester acababa de recibir el premio Cervantes) a Manuel Vicent como "mi futuro biógrafo", mientras los invitados comentan el atentado ocurridos unos días antes en el restaurante El Descanso atribuido a la Yihad Islámica. Pero los capítulos siguientes se retrotraen a la decada de los setenta cuando Franco "todavía pescaba cachalotes en ese tiempo y mataba venados, perdices y rojas y toda clase de marranos con el rostro inexpresivo, el belfo entreabierto y la barbilla caída".
Son los años en que Jesús Aguirre, ya en estado laical, dirige Cuadernos de Taurus, desbancando a su predecesor, García Pavón, e imponiendo un nuevo estilo. Por los despachos de la editorial se pasea ahora su enorme dálmata habituado, según una maldad de Aguirre, a "comerse crudos los manuscritos de Baltasar Porcel". Años más tarde, este delicado intelectual, educado en centros de élite de España y Alemania, marcado por el estigma de ser hijo de padre desconocido, llegaría a contraer matrimonio con Cayetana Fitz-James Stuart y Silva, convirtiéndose en el decimoctavo duque de Alba y aproximándose peligrosamente al territorio de las revistas del corazón. Durante un tiempo mantuvo aún sus tertulias con Javier Pradera, Benet, García Hortelano, Guelbenzu (que le sustituiría como director de Taurus) y Elías Querejeta. Él que tantas maldades prodigó ("Le he pedido un original a este fulano sólo por el placer de devolvérselo") se convirtió en el objetivo predilecto de las maldades ajenas, tal vez las que más hayan molestado a la Duquesa: según Benet, Cayetana le había asignados dos mil pesetas mensuales para tabaco, de modo que se veía obligado a rebuscar entre los peroles de la cocina algún dinero sobrante de la compra.
Entre la fauna de "progres con patillas de hacha y pantalones de campana, distintas camadas clandestinas de rojos, unificadas por la trenca con trabillas de falsos dientes de jabalí, que compartían abrevaderos en el triángulo que formaba ese pub [Santa Bárbara] con Boccaccio y Oliver", Aguirre destacó por su elegancia, su cinismo y su tono despectivo contra toda la parafernalia franquista y los emblemas, también los católicos, de la España negra, de ahí que sus intervenciones públicas fueran boicoteadas sistemáticamente por los guerrilleros de Cristo Rey (que soltaban ratas entre un público mayoritariamente femenino o amenizaban sus conferencias con los gritos de "Cura maricón").
Pero la obra abre sus páginas a otros personajes de este periodo, como Tamames (a cuyo padre, comandante de sanidad en el ejército republicano se le acusaba de haber intentado cambiar el nombre del pueblo extremeño Don Benito por el de Camarada Benito), García Hortelano con su cigarro y su gin tonic, Torrente Ballester, Aranguren, Cela...
Apartado progresivamente de la vida pública, cada vez más congraciado con su papel de duque, ensimismado en áridas erudiciones familiares, aún protagonizó algún debate público cuando la Junta de Extremadura expropió dos dehesas de la Casa de Alba en Zahinos (Cabra Alta y Cabra Baja). Aquejado de un cáncer de faringe, falleció completamente solo en el palacio de Dueñas el 11 de mayo de 2001, siendo enterrado en Loeches, un pueblo de Madrid, en donde "consiguió escalar finalmente un gran sarcófago de mármol por cuya conquista luchó toda su vida".

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