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José Larrey : PINTA TU ALDEA, HAMBRE MEZQUINA
el 7/12/2010 11:40:00 (1024 Lecturas)

UMBRAL, EN SUS TIEMPOS LUMINOSOS, SOLÍA EMPEZAR SUS ARTÍCULOS CON EL REMOQUETE DE “IBA YO A COMPRAR EL PAN...” ASÍ, CUANDO LE LEÍA RECORDABA CÓMO YO TAMBIÉN IBA A COMPRAR EL PAN, PERO LO MÍO ERA REMATADAMENTE PEOR, PUES DEBÍA IR, OBLIGADAMENTE, CON MI CARTILLA DE RACIONAMIENTO.

En este tiempo, en el que tenemos el pan menospreciado, no alcanzamos a comprender cómo era aquello de que todo el mundo estuviese preocupado por el pan nuestro de cada día, racionado y malo. Porque, en aquellos días, tenía gracia que comiésemos hasta pan de cebada. En cambio, ahora hay que especificar el tipo de pan, ya que los estantes de los mercados están llenos de múltiples variedades a cual mejor elaborado.
Los niños de la aldea pasábamos hambre física y, aunque tuviésemos dinero, en la panadería no te daban a cambio de sellarte tu cuadrícula en el cartón azul-lavaza más que tu ración, así que los únicos seres lustrosos que se veían por la tahona eran los quince o veinte gatos que poblaban sillas y tarimas de braseros.
El pan es un producto carismático, exquisito y ancestral que nace al principio de los tiempos, el alimento fabricado por la mano del hombre más antiguo de la tierra, tal vez por eso Jesús le toma para convertirlo en su carne, porque es respetado y amado por toda la humanidad.
“Iba yo a comprar el pan...” decía Umbral que también entendía algo de panes, posguerras y raciones y más de una vez pellizcaría el pico del bollo camino de su casa, y aquél pico sería una especie de comunión laica del genio de la literatura con la que se fundiría para entender algo de esta vida ininteligible, maravillosa y mezquina a la vez.

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