Menú

Buscar

Ricardo García Lozano : HISTORIA, HISTORIAS, LEYENDAS, CRÓNICA DE LA ESPAÑA MUSULMANA. ABDERRAMÁN II (IV Parte)
el 3/5/2010 22:16:13 (1257 Lecturas)


La corte era pues un lodazal: un débil monarca entregado a sus aficiones poéticas y musicales; el gobierno en manos de un eunuco y una "fulana";
y el clero obteniendo privilegios, más privilegios y riquezas sin fin


Mientras tanto, había una guerra en Murcia entre los yemenitas y maaditas; una guerra que llegó a durar siete años. Es la que se conoce como la ‘Guerra del Pámpano’. Y tiene este curioso nombre, porque el detonante fue que, no sé si un Yemeni o un Maadita, arrancó tal vez sin mala intención, un brote tierno de una vid (pámpano); como lo viese el dueño de la vid le recriminó, y fue respondido en igual tono; las palabras se hicieron cada vez mas ásperas, hasta que llegaron a las manos y de dos contendientes iniciales, acabaron por entrar las dos tribus en la contienda. Naturalmente ese motivo, tan nimio, no hubiese originado una guerra de siete años de duración y que trajo muerte y calamidad a toda la provincia de Todmir (Murcia), si no existiese, ya de antiguo, una rivalidad tan enconada como sangrienta. En realidad venía desde los mismos inicios del Islamismo.

En Mérida se sucedían las sublevaciones de los cristianos, que ya tenían contactos con Ludovico Pío para que los apoyase en su rebelión. (Existe una carta de Ludovico Pío a los cristianos de Mérida, cuya copia el padre Flores refleja en su España Sagrada tomo XIII). Toledo también se sumó a la sublevación, y en los alrededores de esta ciudad hubo una jaqueria (se llamaba jaqueria a una sublevación de campesinos). Desde la triste "Jornada del foso" había estado la ciudad imperial sumisa durante algún tiempo; pero eran los toledanos demasiado amantes de su independencia, para que una vez amortiguados los dolorosos recuerdos de aquella horrenda jornada, no volviesen a sus ansias de independencia. Y en efecto hubo una rebelión: expulsaron a los soldados y afines al príncipe de Córdoba y destruyeron el castillo de Amrús, que le consideraban -y con razón- símbolo y recuerdo de su dolor. De todas formas la urbe fue pronto sometida por las tropas de Abderraman II, que quemaron gran número de casas. Una de las viviendas consumidas por el fuego pertenecía a la familia de un joven llamado Hachim, que viéndose en la ruina y sin familia, marchó a la capital, donde llegó casi en cueros y medio muerto de hambre; fue socorrido y más tarde encontró trabajo como herrero.
No obstante, poco tiempo trabajó como herrero, ya que tenía en mente vengarse de los que le habían dejado sin familia y sin hacienda. Así pues, en cuanto pudo volvió a su ciudad y allí inicio un complot que, dado el resentimiento que los toledanos albergaban contra el príncipe, creció rápidamente en número y medios. Púsose Hachim al frente de la revuelta y venció a las tropas destacadas en la ciudad con facilidad.
Después de este triunfo inicial, se dedicó a recorrer el país levantando a los descontentos con Abderramán, llegando a formar un nutrido ejército que resistió, con éxito, los primeros intentos de someterle. El príncipe Ibn-Wasin pudo, al fin, derrotar a Hachim que murió en la batalla, con lo que su ejército se disperso al carecer ya de comandante.

(Continuará)

Los usuarios son responsables de sus propios comentarios.

PUBLICIDAD

Documento sin título

Para más información

Ver la edición impresa (en todos los puntos de venta de prensa y en estancos, gasolineras, kioscos y librerías)