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Jesús Adame : COSAS MÍAS, Dinero maldito, o "la falsa monea"
el 24/11/2009 11:09:28 (1626 Lecturas)

Desde siempre han existido los billetes (y las monedas) de curso legal, fabricadas por la real fábrica de la moneda y timbre (para los jóvenes, decir que no son timbres para bicicletas lo que fabrica la real, sino una especie de pólizas en desuso que antiguamente había que pegar en todos los papeles oficiales).

Y desde que se inventaron, los amigos del dinero fácil vienen poniendo en circulación los de curso ilegal. O sea, que existen los billetes de curso legal y los de curso ilegal.
Lo raro, en el colmo de la pirueta circense -algo que sólo puede ocurrir en este país que cambió la pandereta por la friki-fantasía-, es que existan (y existen, ¡lo prometo!), los billetes legales de curso dudosamente legal; o sea, "la falsa monea", que decían los flamencos; o sea, dinero maldito; es decir (por no reiterar el ‘o sea’), dinero que es de curso legal, pero que nadie quiere porque huele a chamusquina.

Resulta que al planificar esto del antipático Euro -al que no profeso simpatía alguna porque, entre otras gracietas, nos subió el café de la mañana (a la noche) de 80 pelas a 160-, los sesudos diseñadores de monedas (los legales, naturalmente), entre otros valores eligieron uno de 500 eurazos, equivalentes -si nadie me desmiente, porque yo en esto del Euro no me impongo, porque no me gusta nada y porque deseo fervientemente que vuelva mi rubia-, a 80.000 de aquellas pesetas cada año más antiguas. Y no estaba mal pensado, si es que lo hicieron con buena fe, porque el personal se siente mejor gastando sólo 500 en lugar de 80.000; ¡no me negaran que es muchísimo más barato!.
Pero resulta, además, que el invento monetario es actualmente mirado con lupa por el ojo único y fisgón del "hermano grande", que no del "gran hermano" (del que me alegraría que se quedara tuerto y no encontrara oculista de guardia), adjetivación que encierra un significado más benévolo del que me gusta otorgarle.
Pues sí, resulta que ese ojo que nos pone firmes a todos desde el primer día en que se abre el plazo para el ingreso del impuesto, controla absolutamente la circulación de los dichosos billetitos. ¿Para qué?, me pregunto. ¿Para señalar a aquellos que los atesoran con su ahorro virtuoso?. ¿O porque le da envidia y los desea él?
El resultado de tanto celo es que Hacienda dispone que los bancos declaren los billetes de 500 euros que reciban a diario y después faciliten relación detallada de quiénes los retiran. Esto lo conozco de primera mano de un director de esas entidades, que no del BOE, porque, que yo sepa nada hay legislado en relación con el tema; sencillamente, ¡se ordena y punto!.
La fabricación de los billetes de curso legal es cosa de la Administración española. Pues bien, en este país (¡país!) se da la inmensa paradoja de que los que cursan "ilegalmente" (entiéndase "sospechosamente") tienen la misma sede en su fabricación que los que lo hacen legalmente.
¿Quién fabrica, de toda la vida, el dinero de curso ilegal?, los chorizos, sin duda. ¿Quién fabrica la falsa ("sospechosa") monea? Hacienda, sin duda; o sea, "Ministerio de Hacienda - Gobierno de España".

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