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Tomás Chiscano : Hablando con Jacinto, ¿DÓNDE TE METES?
el 24/11/2009 11:08:35 (1671 Lecturas)

Es verdad eso que se dice que no nos damos cuenta del valor que tienen las cosas, hasta que nos quedamos sin ellas.

Un servidor, de verdad, nunca hubiera creído que Jacinto, ese amigo mío que me acompaña y me persigue a todas horas, se fuese a convertir en algo inseparable, en algo que siempre iba a estar ahí, guste o no guste; en algo que acapara la atención de las gentes, echándole de menos como una cosa que nos resulta vital y necesaria.
Esto que acabo de decir no es una pedantería ni una falsa modestia. Es una realidad que me escolta y hace que me sienta orgulloso, unas veces, mientras que otras veces me irrita y me molesta, ya que adquiere una notoriedad impensada, corriendo el riesgo de que desemboque en la desilusión, pues todo en este mundo tiene fecha de caducidad.
Digo todo esto porque la gente, bastante gente, me para por la calle y me preguntan por Jacinto: ¿Dónde está? ¿Qué pasa, que lleva tanto tiempo sin manifestarse? ¿Es que está enfermo o se ha olvidado de nosotros? Y me lo dicen como si nuestro personaje fuese de su propiedad, como si Jacinto tuviese la obligación de salir al paso de todo aquello que se esté produciendo en nuestro pueblo, como si no hubiese nadie que tuviese el suficiente coraje para decir lo que él dice porque, de eso nadie tiene la menor duda, Jacinto dice las cosas por lo derecho, sin vueltas y a la cara, ya sea la cara de cualquier "cara". A mí estas situaciones me congratulan, al mismo tiempo que me preocupan un poco, ya que yo no tengo ninguna obligación ni ningún compromiso adquirido; solamente el cariño que tengo a mi pueblo y mis gentes es lo que me mueve a actuar.

Iba dándole vueltas a estas cosas en mi cabeza, mientras paseaba por la Plaza del Corazón de Jesús, cuando me di de frente con Jacinto. El abrazo fue tremendo, lleno de cariño, de ternura y de amistad.
-¿Dónde te metes, pajarillo? -me espeta Jacinto, mientras nos damos un fuerte achuchón, de esos que se dan los que se quieren-. ¿Qué coño te pasa, colega, es que te has perdido para siempre? ¡Con la cantidad de cosas que están pasando y va el tío y desaparece del mundo de los vivos! ¡Me voy a cagar en la leche que mamó un pepino! Dime, ¿dónde te has metido?
- ¡Tranquilízate un poco, hombre, que te va a dar un jamacuco! Mira, querido Jacinto, un servidor tiene suficientes años como para hacer o deshacer lo que le dé la real gana, sin tener que dar enteraciones a nadie, sólo a quien corresponda. ¿Te has enterado ya? Y ahora, porque me da la gana, te diré que he estado una semana de vacaciones, fuera de nuestra tierra, y otra semana, dentro de nuestro pueblo, sin moverme. Y es que, querido amigo, cada vez me está costando más escribir y hacer manifestaciones; pienso que nadie se merece nada, ya que nadie se mueve y lucha para que las cosas no estén tan podridas como están en estos momentos. Sólo tienes que ver lo que está ocurriendo con nuestros políticos y qué es lo que les caracteriza a una mayoría muy mayoritaria: depravados, inmorales, falsos, mentirosos, dictadores, ladrones, sinvergüenzas, rateros, carteristas, cleptómanos y chorizos, llevándose todo lo que encuentren en su camino, les pertenezca o no les pertenezca. Y todos, ya sean de la clase política que sean, actuando como si hubiesen estudiado en la misma academia "ladronera". ¡Qué asco!
- No te falta razón, querido amigo, -me dice Jacinto, mientras seguimos paseando- pero si todos hiciésemos lo mismo, las cosas tendrían muy mal arreglo. Estoy de acuerdo contigo en que el pueblo está dormido, en que la gente se ha acomodado a lo poco o mucho que tiene y nadie quiere dar la cara. Estoy de acuerdo de que hay unas mordazas políticas que impiden la libertad de expresión y de actuación. Mira, esta misma mañana, una señora echaba veneno en contra de los que nos gobiernan en la actualidad. Estaba indignada porque no quería perder su independencia, ya que un amigo le había aconsejado que se sacara el carnet de sociata, como solución a su problema. Entiendo que te enfades, que te cabrees y que te emberrenchines ante el comportamiento blandengue y ajurracado de la mayoría de las gentes. Es difícil comprender ese comportamiento cuando, en algunos casos, está en peligro, no sólo su libertad, sino también su economía. Y no entiendo cómo se cruzan de brazos cuando miran el recibo del agua y no dicen nada ante el hecho de que una entidad particular y privada (catalana, por más señas), les pase el recibo del alcantarillado, sin que nadie haya tenido la decencia y la vergüenza de contar con uno, actuando como si no existiéramos. Tampoco entiendo que el hecho de cobrar, con retrasos y todo, una pasta a los dueños de chalés y casas de campo, sólo haya tenido unas pocas voces (algunas deberían callarse) manifestándose en contra de ese atraco impune. Bastante menos entiendo el pastón que se están gastando en cosas inútiles, como es el botellón o el palacio de congresos que se va a edificar, teniendo locales, como la Jabonera, que podrían hacer el mismo trabajo que lo que se va a edificar, pudiéndose gastar esos millones en algo mucho más importante y necesario para nuestro pueblo. De la misma manera que no entiendo el servilismo con el que la gente aguanta el caciquismo que se practica en nuestra corporación, a la hora de dar trabajo a unos, mientras una mayoría se queda fuera por no ser de los "suyos". Y lo que ya es difícil de entender es que se gasten un pastón para pagar a unos pajilleros y pajilleras, enseñando algo que no necesita que nadie lo enseñe. ¡Con la cantidad de gente que no tiene para comer y tiran un dineral para que nuestros jóvenes aprendan a hacerse una paj...!
- ¡Cállate ya, que no tienes solución! Y ustedes, queridos amigos y amigas, no le hagan caso porque, ya lo saben ustedes, Jacinto es tan irreal como la vida misma.

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