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Guillermo Paniagua : Con respeto..., perdone ¿QUIÉNES SON LOS CAFRES Y ZULÚES?
el 10/11/2009 10:45:19 (3007 Lecturas)

Hace muchos años, en los añosos casinos de sociedad, entre jugosas tertulias, o en la prensa escrita, cuando no existía la parlanchina, para definir un hecho grosero o fuera de los normal o a una persona de comportamiento bárbaro o brutal, se los definía con el apelativo de zulú, ignorando que los zulúes eran gente de raza negra, del África Austral, muy inteligentes y luchadoras contra la opresión extranjera; otras veces, llamaban cafres a las personas zafias y con talante violento, desconociendo que los cafres pertenecen a una tribu africana con cultura basada en el respeto a las personas y animales, o sea, a la naturaleza.

Para nosotros, occidentales de aparente cultura superior a aquellos, cafre y zulú es sinónimo de contracultura, y usamos dichos términos para insultar. Olvidamos que esas tribus tienen su propia cultura, quizá superior a la occidental y, posiblemente, superior a la española; ellos, al menos, han sabido respetar al hombre y a la naturaleza.
Es curioso, en España, cuando queremos defender un acto cultural, basándonos en la tradición de nuestros ancestros, que afecta con actos vandálicos a los animales, decimos que es una realidad cultural con raíces marcadas en el pasado, y que hay que mantenerla y cuidarla, en lugar de mejorarla para el bien de la civilización y sentirnos, así, como verdaderas personas civilizadas, porque no todo lo que hicieron nuestros antepasados fue bueno.
Los pueblos de España, en sus fiestas locales resaltan sus tradiciones. No siempre son agradables, aunque tengan a sus tradicionalistas incondicionales. Así, por citar algunas tradiciones, podemos ver (quien lo desee, yo no): al Toro enmaromado, de Benavente; la cabra despanzurrada desde un campanario, en Manganeses; los toros de fuego, en Cataluña; la matanza de un gallo, a golpes, enterrado, dejándolo sólo la cabeza fuera y un largo etcétera. Como para escribir muchos tomos sobre la España negra "rica en tradiciones". Y, en lugar de superar los fracasos culturales de nuestros antepasados, nos recreamos en ellos, convirtiéndonos en personajes más indignos que aquéllos, pues fueron pobres hombres ignorantes e incultos, la mayoría.

Y en esta semana, para cerrar el ritmo de la cultura de las crueldades, salta a la palestra mundial y nacional, nuevamente, la Extremadura negra, "cultural" y tradicional, para manifestar a la Humanidad que estamos a la cabeza de los hábitos tercermundistas: unos jóvenes ignorantes, borrachos de alcohol, tal vez con libros de estudio inmaculados y sin abrir, matan cruel y vilmente, con ensañamiento, a una burra, como divertimento de su educación e ilustración tradicional. A todo esto, la señora alcaldesa de Torreorgaz, lugar de este criminal hecho, dice, como si quisiera disculparlos, que ‘se les ha ido la mano’. Me uno, como he leído en Cartas al Director del Diario Hoy, al escrito de una señora, inglesa: Torreorgaz queda en mi lista de lugares de España que no visitaré, a menos que se civilicen (los inciviles, que son los que causan miedo. No todo el pueblo puede ser así, pero sí quienes lo consintieron e hicieron tal salvajada).
Las manifestaciones contra esas personas zafias, violentas, bárbaras, sinvergüenzas no sirven para nada, si no va seguidas de acciones legales muy ejemplarizantes. Si en Extremadura existen leyes contra la crueldad, maltrato y tortura a los animales, que se apliquen, y se les juzgue como a delincuentes que atentan contra los sentimientos de una sociedad. La ley dice, en relación con la protección de animales, que las infracciones deben ser castigadas con una multa de 1.501 a 15.025 euros. Dice que deben, no que serán. Esa es la debilidad que nos ofrecen los gobernantes para ejecutar una infracción, aunque sea monstruosa, como la gravísima falta, alevosa, realizada contra la burra de Torreorgaz.
¿Qué se va a conseguir con una manifestación contra esta canalla y canallada, cuando la incultura en España crece y se concede más permisividad al alcohol y a las drogas? ¿Qué se va a conseguir, cuando los alcaldes se rompen el culo por dar más libertad a los jóvenes para beber mucho alcohol, alegremente, por miedo a perder la canonjía del poder, buscandoles lugares para botellones? (culturales, eso sí).
La salvajada de Torreorgaz y otras similares, tienen que ser juzgadas por tribunales de justicia y no sólo de leyes, porque, todos los hechos y realidades salvajes, son realizados por el hombre, único y verdadero salvaje. El animal no es salvaje, aunque viva en el campo. El animal es libre y ama la libertad; respeta a la naturaleza y la usa para cubrir sus propias necesidades.
Si crueles son esos jóvenes bípedos de Torreorgaz, no más lejos de ellos están los atroces e inhumanos, nada comedidos, atracadores y corruptos políticos: los que hacen de la política su profesión de latrocinio a expensa de los ciudadanos para su bien propio. Esos corruptos y ladrones políticos, que llenan nuestros pueblos y ciudades de España, favorecidos en la actualidad por la desgraciada cultura del ladrillo, salen no del armario y sí de las sábanas con olor a mierda, a coca, a vómitos, a alcohol y a semen, que es lo único que saben disfrutar con el dinero que llenan los paraísos fiscales.
¿Se merece España y los españoles, incluidos el País Vasco y Cataluña, tantos corruptos y miserables políticos? A veces pienso que sí. Nosotros, con nuestra ceguera y ambición, votamos siglas de partidos políticos, en lugar de hombres y mujeres con biografía propia.
¿Consentimos los españoles, con nuestro silencio y aprobación, que políticos sinvergüenzas llenen sus bolsillos con nuestro dinero? Sí. Somos cobardes y no sabemos protestar. Solamente lo hacemos en las tabernas, con nuestras camarillas, y bajito, no sea que nos oigan, y preguntándonos siempre: ¿qué vamos a adelantar? Para responder: mejor es no decir nada.
¿Por qué los partidos políticos, si tienen un poco de sensibilidad, no eliminan de sus listas a esas mujeres y hombres inútiles, fracasados en la vida y vagos de carrera, que quieren vivir ejerciendo como profesionales del poder en la administración pública? ¿Por qué permitir que gobiernen más de ocho años? Ello puede conllevar al profesionalismo y, cómo no, a la soberbia y jactancia contra los ciudadanos. Eso también es corrupción, entendiendo, en este caso, corrupción como algo perverso o de vicio, si se menosprecia a los ciudadanos.
Muchos dicen, antes de subir al poder, que el peor enemigo es la corrupción; después, al pasar unos años, dicen: "si no puedes con tu enemigo, únete a él". Gracias a esos personajes corruptos, aumenta la abstención y el desprecio de la sociedad hacia todo aquello que hieda a gobierno.
España está llena de sinvergüenzas enlodados en tradiciones mal entendidas y de corruptos profesionales políticos. ¿Hasta cuándo? ¿Por qué comparar a zulúes y cafres con los personajes corruptos y los bárbaros bípedos, siendo los primeros personas honradas y limpias de corazón?

Don Benito, 04 de noviembre de 2009

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