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José A. Gutiérrez Ortiz : Cosas de mi tierra, DE AQUELLAS BODAS EN GUADALUPE
el 3/11/2009 12:50:39 (1563 Lecturas)

Hace ya muchos años que la ilusión de los novios extremeños era casarse en el Real Monasterio de Guadalupe.

Esto, aparte de la devoción guadalupense que pudieran tener los novios, socialmente daba cierto boato a familiares y acompañantes: elegancia, distinción, buen gusto, señorío y, más si el banquete nupcial se celebraba en la Hospedería del Monasterio.
Y respecto a estos grandes banquetes que allí se celebraban, había un Padre Prior
- creo que catalán - que venía notando una enorme asistencia de comensales a los que, generalmente, los novios no habían convidado. Y unas veces por pudor, o bien por educación, otras por caridad cristiana o, como se dice ahora, porque le daba corte, jamás se atrevía a poner coto al desmedido abuso del público aprovechado.
Y este problema, el Padre Prior, lo elevó a la Comunidad Franciscana en el primer cónclave que tuvieron, por ver si le daban una idea para acabar definitivamente con todas las gorronerías de los falsos invitados.

Una vez terminado el cónclave, llegaron a la conclusión siguiente: que, dentro de tres o cuatro días, esperaban la integración a la Comunidad de un nuevo Franciscano, Fray Josele que, por cierto, venía de un pueblo cercano a Cartaya (Huelva) y gozaba de gran simpatía y… algo de frescura para colocar a la gente en su sitio. Y, hete aquí, que una vez llegado al Monasterio, el Padre Prior le encomendó la primera organización de boda, que se presumía sería multitudinaria.
Y llegado el momento, Fray Josele en tono de voz frailuna, se dirigió así a todos los invitados:
- Señores, les ruego que todos los invitados por parte de la novia, se reúnan a la parte derecha del salón. Y los invitados por parte del novio, se reúnan en la izquierda del salón.
Así lo hicieron y tan sólo quedaron en el centro del salón unas treinta o treinta y cinco personas. Entonces, fray Josele, dijo lo siguiente:
- Esas treinta o treinta y cinco personas pueden pasar al comedor de la Hospedería, porque esto es un bautizo y no una boda. Y el público que queda en el salón, si lo desea, puede pasar a oir misa y así escuchará el órgano del Monasterio, que según dice el hermano organista, la música calma el hambre. Y cuando él lo dice, será verdad…

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