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Guillermo Paniagua : Crónica de... UNOS RETAZOS
el 13/10/2009 11:04:41 (1636 Lecturas)

Terminan mis jornadas del trabajo anual. Llega mi descanso temporal, que me es donado en forma de jubilosas vacaciones -temporales-. Al mismo tiempo, me tomo un respiro, también temporal, en mi vocación de escribir en el Semanario Vegas Altas y La Serena. De esta manera, mientras reposo como articulista, libero a mis lectores de mis pesados razonamientos y de mis más o menos ásperos comentarios.

Tenía en mi mente, para despedirme fugazmente, varios asuntillos para escribir. Uno, de verdadera satisfacción; otros son de relaciones con la vida cotidiana, más o menos banales. Iba a titular el artículo "Retales", pero esa definición, que alude a algo sobrante, no me gustaba, para manifestar lo que titulo UNA SATISFACCIÓN, pues se merece mi respeto. He cambiado el título, aunque sea su sinónimo, por "Retazos". Me parece más suave y en él tienen cabida todo, pues en su definición se puede incluir algo así como trozos de cualquier cosa o razonamiento.


UNA SATISFACCIÓN:
D. TEÓFILO HERNÁNDEZ
Ese día fue para mí un día gozoso, de enorme satisfacción. Conocí a don Teófilo Hernández Hernández, habitual escritor en la sección de Cartas al Director de este Semanario. A pesar de la dureza de sus escritos, me pareció, personalmente, una persona agradable, honrado e integro.
Don Teófilo es un hombre menudo, de mirada limpia y de dignos pensamientos y sentimientos, que pueden, indudablemente, tropezar con los nuestros. Mira de frente, sin ser una mirada desafiante, algo tímido, y seguro de lo que quiere en la vida. Es un luchador convencido por la democracia; anticlerical, por sus credos.
- Nuestros pensamientos, en muchos momentos, son distantes -le dije al saludarle.
- Eso no impide que dialoguemos -me contestó.
Este hombre menudo, que llegó un día a Villanueva de la Serena procedente de Calvarrasa de Arriba, Salamanca, un pueblecito de unos 600 habitantes, situado casi a mitad de camino entre Salamanca y Alba de Tormes, ha sabido educar y enseñar matemáticas a muchos alumnos, y, lo que es más grande, los preparó, como buen maestro, para convivir.
Al despedirme de él, pensé que las ideas no nos deben separar a los hombres, sino que deben unirnos. Las ideas, del tipo que sean, enseñan y enriquecen. Espero que don Teófilo y yo tengamos otra oportunidad para hablar y conocernos. Algo nos quedará.

MONUMENTO
A LA PRETERICIÓN:
Preterición, bonita y cursi palabra parece, sin embargo, que desagradable puede resultar para algunos dombenitenses.
Hace unos tres años, en la calle La Virgen, comenzaron a edificarse unos terrenos, que en el pasado fueron como casas "unifamiliares". Sobre los muros de aquellas viviendas reposaban cables de diversos tipos (teléfono, televisión, electricidad, etc.) Para que los usuarios cercanos a las obras no sufrieran las consecuencias por posibles rupturas de aquellos cables y, por ello, las correspondientes molestias, mientras las obras durasen, el Ayuntamiento consintió que se pusieran, junto a las aceras, unos postes de madera para que sirvieran de soportes a aquellos cables.
Casi todos los postes, terminadas las obras, fueron retirados, después de un tiempo más o menos prolongado. Pero aún queda uno en la calle La Virgen, frente al inicio -o final, según desde donde se mire- de la calle Bodega, que ya no sostiene ningún tipo de cable, a pesar de haber transcurrido unos meses de su descarga. Peligroso resultó su permanencia, como cuando tuvo su misión de sostén, pero por la necesidad fue tolerado. Ahora, cuando veo ese poste desnudo (que son varias veces al día), sin ninguna misión, pienso que nuestro Ayuntamiento nos lo cede a los vecinos como Monumento a la Preterición.

PASOS DE ADOQUINES
O ADOQUINES PASANDO:
En los últimos tiempos, en nuestra ciudad, el Ayuntamiento ha colocado, a Dios gracias, las llamadas "bandas reductoras de velocidad". Me parece bien, pues el respeto a los límites de velocidad es casi nulo, sobre todo en los pasos de cebras. Esas bandas están donde tienen que estar, es cierto, pero no estarían mal que algunas las pusieran en la Plaza de España, donde la cruzan muchos niños y personas mayores. Mas, para esto, sabios tiene el Ayuntamiento.
Esas "bandas reductores de velocidad", las han colocado ocupando la mitad de la calzada del lado por la que circula el coche. Deberían impedir, como su nombre dice, que se corriera por ese lado. Hasta aquí, correcto. Lo que me parece incorrecto, es que algunos se comporten como adoquines atravesando estos pasos. En lugar de pasar sobre las bandas, rodean el espacio que ésta deja hacia la derecha y, sorteándolas, previo zigzag, continúan el camino. Quizá pueda solucionarse, dada la falta de respeto de esos conductores adoquines, alargando un poco más las bandas hacia la derecha, por el carril que se circula. Con esos giros bruscos para esquivarlas, puede suceder algún día un hecho desagradable.

DECADENCIA
DE LA ORATORIA:
He oído hablar de grandes oradores, donde la palabra salía de sus bocas limpia y cuidada, y atusada, como el bigote y la barba que lucía el orador de turno.
"Se explica como un libro abierto", dicen del buen conferenciante, y es que cada palabra y oración pronunciada por un excelente orador forma parte del arte para el deleite, la comprensión y la enseñanza. Este personaje manifiesta sus sentimientos de sabiduría con la seguridad de un hombre juicioso y prudente. Y al terminar su oratoria, firma con un "He dicho".
¡Qué lejos queda ya aquella verbosidad grandilocuente! Ahora nos encontramos con pobres "oradores", timoratos de la palabra, los cuales parecen dudar en sus expresiones de lo que hablan. Basta mantener una conversación (telefónica o un dialogo personal) con estos pseudohabladores, o escuchar una conferencia u oír algunas expresiones en determinados actos culturales, para apreciar que el vacío que existe en la oratoria se rellena de guirnaldas con términos colmados de incertidumbres y memeces. De cada guirnalda cuelgan y se intercalan, términos tales como "¿Vale?", "¿De acuerdo?", "¡Bueno!", etc., que no sirven para nada; tan sólo, para conocer su falta de retórica y de expresividad. ¡Qué pobreza del lenguaje en la actualidad! Se ha perdido el estímulo a la elocuencia para caer en la torpeza y en la vulgaridad de unas palabras y de unas expresiones carentes de contenido.

Don Benito, 08 de octubre de 2009

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